Colegio San Juan Diego fortalece la formación del carácter con programa de Aptus y pasantía en Inglaterra

El colegio fue becado para participar en un programa de tres años de Fundación Aptus, orientado a fortalecer la formación del carácter. Como parte de esta iniciativa, su directora, Ana María González, participó en una pasantía internacional en Inglaterra, donde conoció experiencias educativas que combinan excelencia académica, altas expectativas y formación en virtudes.

El Colegio San Juan Diego fue becado para participar en un programa de tres años de Fundación Aptus, orientado a fortalecer la formación del carácter. En el marco de esta iniciativa, su directora, Ana María González, participó en una pasantía de ocho días en Londres, donde conoció experiencias de colegios británicos que han alcanzado resultados de excelencia en contextos de alta vulnerabilidad.

La experiencia reunió a 22 líderes educativos chilenos, entre sostenedores y directores de distintas redes escolares, como SIP Red de Colegios, Belén Educa, CEAS y Colegios del Arzobispado de Concepción, quienes estuvieron acompañados por tres asesoras de Aptus.

La participación en este programa responde al propósito de seguir fortaleciendo una formación integral de excelencia, donde el desarrollo académico y la educación del carácter se complementen para favorecer el crecimiento de cada estudiante.

En palabras de Ana María, “La educación del carácter y de las virtudes busca desarrollar hábitos en los alumnos que contribuyan a generar espacios virtuosos de aprendizaje integral. Su propósito es favorecer el florecimiento humano: una formación integral de excelencia que permita a cada estudiante desarrollar sus capacidades, vivir las virtudes y contribuir al bien de los demás. Ese es el horizonte al que queremos apuntar como colegio”.

Aprendizajes de una experiencia internacional

Durante las visitas a distintos establecimientos de Londres, la delegación pudo conocer prácticas pedagógicas y de gestión escolar que han permitido alcanzar altos estándares de aprendizaje, aun en contextos de importantes desafíos socioeconómicos.

“Lo más inspirador fue la claridad y coherencia con que articulan el diseño curricular, la enseñanza y la gestión del aula. Poner al estudiante al centro se expresa en decisiones concretas: altas expectativas, rutinas claras, ambientes con pocas distracciones y acompañamiento intensivo para que todos puedan aprender. La enseñanza se planifica cuidadosamente para asegurar el dominio de aprendizajes fundamentales, combinando instrucción explícita, práctica guiada y trabajo independiente”, destaca la directora.

Otro aspecto especialmente significativo fue conocer cómo la formación del carácter y las virtudes se integra de manera concreta en la vida cotidiana de los colegios, no como un aprendizaje aislado, sino como parte de su cultura escolar.

“La formación del carácter también se vive diariamente. Se hace visible en las normas de convivencia, el ejemplo de los adultos, las asambleas de estudiantes con sus profesores y directivos, la reflexión sobre dilemas éticos y el reconocimiento del esfuerzo. Son ambientes cálidos y, al mismo tiempo, altamente estructurados, donde los estudiantes saben qué se espera de ellos y cuentan con apoyo para lograrlo”.

En estas comunidades educativas, virtudes como la resiliencia, el autocontrol, la curiosidad intelectual, el respeto mutuo y la responsabilidad individual forman parte de la experiencia escolar, preparando a los estudiantes tanto para aprender como para desenvolverse con autonomía y contribuir a la sociedad.

Altas expectativas y oportunidades para todos

Entre los aprendizajes de la pasantía, Ana María destaca especialmente la convicción de que una educación de calidad puede ampliar las oportunidades de desarrollo de los estudiantes, independientemente de su contexto de origen.

“El aprendizaje más profundo fue reafirmar que el contexto socioeconómico no debe definir el destino académico ni humano de un estudiante. Las dificultades existen y requieren respuestas concretas. Una cultura escolar sólida, una enseñanza de calidad y un equipo docente alineado, acompañado y con oportunidades permanentes de desarrollo profesional pueden ampliar decisivamente las oportunidades de aprendizaje y de vida”.

Esta reflexión cobra especial relevancia para el Colegio San Juan Diego y su compromiso con una formación integral de excelencia. La participación en el programa de Fundación Aptus abre una oportunidad para seguir profundizando en prácticas educativas que permitan a cada estudiante desarrollar sus capacidades y talentos, en un ambiente que combine altas expectativas, acompañamiento cercano y formación en virtudes.

Al regresar, Ana María comparte el horizonte que espera seguir construyendo junto a su comunidad educativa:

“Vuelvo con el deseo de que nuestros estudiantes se sientan seguros, valorados y desafiados intelectualmente cada día. Que encuentren adultos que crean en sus capacidades y sepan cómo ayudarlos a desarrollarlas. Que cultiven la disciplina y la confianza necesarias para construir su futuro y ser agentes de cambio en la sociedad”.

Y concluye con una reflexión que resume el principal desafío que deja esta experiencia:

“Ese es el desafío que esta experiencia deja: convertir nuestras altas expectativas en prácticas cotidianas que hagan posible alcanzarlas”.